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Distopías feministas más allá de El cuento de la criada: 6 novelas que van más lejos

Ilustración de siluetas femeninas en un entorno distópico abstracto, imagen destacada del listado de novelas distópicas feministas.

El cuento de la criada es la puerta de entrada. Pero detrás hay décadas de escritoras que imaginaron mundos donde el género, el cuerpo y el poder se entrelazan de formas que Atwood no agotó, sino que inauguró. Algunas de estas novelas son anteriores, otras posteriores; todas son imprescindibles. Si ya leíste a Atwood y quieres saber qué sigue, esta lista es exactamente para ti.

La distopía feminista no es un género uniforme. Hay en esta lista libros rabiosos y libros melancólicos, mundos postapocalípticos sin hombres y sociedades perfectamente funcionales que sin embargo oprimen, narraciones fragmentadas y thrillers políticos. Lo que todas comparten es la voluntad de usar la ficción especulativa para mirar de frente preguntas que el mundo real todavía esquiva.

1. Yo que nunca supe de los hombres — Jacqueline Harpman (1995)

Cuarenta mujeres encerradas en un búnker subterráneo. No saben quiénes son, ni de dónde vienen, ni por qué están ahí. Un guardia que nunca habla las vigila. Eso es todo lo que Harpman necesita para construir una de las distopías más perturbadoras y más bellas de la literatura del siglo XX.

La narradora —la más joven, la que no recuerda ningún mundo anterior— es quien carga con el peso de un libro que no tiene respuestas fáciles. Cuando las mujeres escapan y descubren una Tierra despoblada, la novela se convierte en algo más extraño: una meditación sobre la memoria, la identidad y el sentido de una vida que no puede construirse sobre ningún pasado compartido.

Viral en TikTok en 2024, reeditada por Alianza Voces en 2025, recomendada por Dua Lipa: pocas novelas de 1995 tienen tan poco polvo encima.

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2. El poder — Naomi Alderman (2016)

Las mujeres desarrollan la capacidad de generar descargas eléctricas con el cuerpo. El equilibrio de poder entre sexos se invierte de golpe en todo el mundo. Y lo que Alderman explora a continuación no es la utopía que cabría esperar: es una distopía igualmente brutal, solo que con otras personas en el lado del poder.

El poder es el argumento más incómodo de esta lista porque no toma partido. Alderman no dice que las mujeres ejercerían el poder de forma diferente o más justa. Dice que el poder corrompe con independencia de quién lo tenga, y lo demuestra con una precisión que descoloca a lectores de todas las posiciones políticas. Premio Baileys 2017, considerada una de las novelas políticas más importantes de la década.

Si lo que te perturbó de El cuento de la criada fue la rapidez con la que una sociedad acepta la opresión, El poder te va a perturbar exactamente por la misma razón, pero desde el ángulo contrario.

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3. La marca — Fríða Ísberg (2021)

Reikiavik, futuro próximo. La Asociación Psicológica Islandesa ha desarrollado un test que mide la empatía. Los que aprueban reciben una marca que los certifica como ciudadanos seguros. El Parlamento está a punto de votar si el test será obligatorio para todos. Y la sociedad está partida en dos.

Ísberg sigue a cuatro personajes durante los días previos al referéndum, y ninguno de ellos es un héroe nítido. La distopía no viene de un líder totalitario sino de algo más perturbador: el lenguaje neutro de la psicología aplicada, las votaciones democráticas, las campañas en redes sociales. Una sociedad bienintencionada que toma decisiones inadmisibles sin darse cuenta de que lo son.

La novela de debut más premiada de Islandia en años, y la distopía más pegada al presente de toda esta lista.

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4. Oryx y Crake — Margaret Atwood (2003)

Un mundo donde las corporaciones biotecnológicas han reemplazado a los gobiernos. Jimmy —el único superviviente humano que queda, o eso cree— recuerda desde su presente postapocalíptico cómo llegó aquí: a través de Crake, el genio que diseñó el fin de la humanidad, y de Oryx, la mujer a la que ambos amaron.

Oryx y Crake es una distopía feminista de otra manera: no es una sociedad que oprime a las mujeres de forma sistemática, sino un mundo donde el cuerpo femenino —el de Oryx especialmente— es explotado, consumido y finalmente destruido por sistemas que no la ven como persona sino como recurso. Atwood construye el horror con una frialdad científica que hace daño diferente al de El cuento de la criada. Es la primera novela de la trilogía MaddAddam.

Si El cuento de la criada es la pesadilla del patriarcado religioso, Oryx y Crake es la pesadilla del capitalismo sin frenos. Atwood en modo más oscuro y más furioso.

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5. Herland — Charlotte Perkins Gilman (1915)

Tres exploradores hombres descubren una civilización de dos mil años habitada exclusivamente por mujeres. Sin hombres, sin guerra, sin competencia: una utopía de eficiencia, cooperación y educación que hace quedar en ridículo, página a página, todas las asunciones de sus visitantes sobre lo que las mujeres pueden o no pueden hacer.

Publicada en 1915, Herland es técnicamente una utopía, no una distopía —aunque la perspectiva de los protagonistas masculinos convierte su propio mundo en la distopía implícita del relato. Gilman usa el humor y la ironía con una precisión que sigue siendo eficaz más de un siglo después. Es una lectura corta, ágil y absolutamente contemporánea en sus preguntas sobre género, trabajo y organización social.

El antecedente fundacional de toda la ciencia ficción feminista que vino después. Leerla en 2026 es descubrir que las preguntas no han cambiado tanto.

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6. The Female Man — Joanna Russ (1975)

Cuatro versiones de la misma mujer —Joanna, Janet, Jeannine, Jael— que viven en cuatro realidades paralelas distintas: una es la nuestra, otra es una utopía separatista donde no existen los hombres, otra es una distopía donde los sexos libran una guerra literal, otra es un mundo de depresión y conformismo. Las cuatro se cruzan, hablan, se contradicen y se iluminan entre sí.

The Female Man es el libro más difícil de esta lista: fragmentado, experimental, furioso, con una narradora que rompe la cuarta pared y le habla directamente al lector —o más bien a la lectora— con una rabia que en 1975 era escandalosa y que hoy sigue siendo incómoda de la mejor manera posible. Es ciencia ficción que no quiere entretener: quiere sacudir.

No es una lectura fácil. Es una de esas novelas que te cambia la forma de leer todo lo que viene después.

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Por qué estas novelas siguen siendo necesarias

La ciencia ficción feminista no surgió como subgénero para hablar de mujeres: surgió para hablar del poder, del cuerpo, de quién decide y quién obedece, usando mundos imaginarios como palanca para ver el presente con más claridad. Gilman lo hacía en 1915. Russ lo hacía en 1975. Alderman e Ísberg lo hacen ahora. El territorio cambia; las preguntas permanecen.

Si quieres seguir explorando, en noveladistopica.com tienes las reseñas completas de La marca, El cuento de la criada y más de 150 títulos analizados. Empieza por nuestra sección de reseñas.

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