Saltar al contenido
¿Quieres dar a conocer tu libro de ciencia ficción o distopía? → ¿Quieres que reseñemos tu novela? →
LECTURAS · LECTURA_8_MIN

Ensayo sobre la ceguera: la pandemia que Saramago escribió antes de que supiéramos lo que era

Ilustración inspirada en Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, novela sobre una epidemia de ceguera que hace colapsar la sociedad y la civilización.
📖 Título: Ensayo sobre la ceguera (Ensaio sobre a Cegueira)
✍️ Autor/a: José Saramago
📅 Publicación: 1995 (edición española: Alfaguara)
🏢 Editorial (ES): Alfaguara
📚 Género: Distopía · Ficción especulativa · Literatura portuguesa
📄 Páginas: 384 (edición Alfaguara)
🏆 Premios: Premio Nobel de Literatura (autor, 1998) · Premio Aristeion Europeo 1995
🎬 Adaptación: Película de Fernando Meirelles (2008), con Julianne Moore y Mark Ruffalo

Un hombre se queda ciego en mitad de un semáforo. No hay motivo, no hay explicación, no hay herida. En dos semanas toda la ciudad está ciega. En un mes, la civilización tal como la conocemos ha dejado de existir. Saramago publicó esto en 1995 —veinticinco años antes de que nadie hubiera oído hablar del COVID-19— y escribió el manual más preciso que existe sobre cómo una sociedad se desintegra cuando el sistema de convivencia colapsa. Si solo vas a leer una novela sobre el fin del orden social, que sea esta: no por lo que imagina sobre el futuro, sino por lo que dice sobre el presente.

Si prefieres escuchar antes de leer, aquí tienes el análisis en formato podcast: por qué Ensayo sobre la ceguera no predijo la pandemia, sino algo más permanente, y qué tiene que ver la decisión de Saramago de no poner nombre a ningún personaje con lo que el libro quiere decir.

La ceguera blanca: cuando dejar de ver es lo de menos

Todo empieza en un semáforo. Un hombre se queda ciego de repente: no oscuridad, sino una blancura lechosa que lo invade todo. En horas hay más casos. En días, el gobierno reacciona como los gobiernos reaccionan ante lo incomprensible: con cuarentena. Los ciegos son recluidos en un manicomio abandonado, sin atención médica, con comida depositada en la puerta como si fueran animales a los que no conviene tocar.

Entre los internados hay una mujer que no ha perdido la vista. La esposa del médico —ningún personaje tiene nombre en la novela, solo funciones o rasgos— finge estar ciega para acompañar a su marido. Ella es los ojos de todos, y esa posición —ver lo que los demás no pueden, cargar con esa visión— es el eje moral del libro.

Lo que ocurre dentro del manicomio es una compresión brutal de lo que ocurre fuera: primero el miedo, luego la organización improvisada, luego el colapso de esa organización cuando un grupo más fuerte decide que la fuerza es el único argumento que cuenta. La epidemia no trae monstruos: trae a las personas corrientes al límite de lo que son capaces de hacer y de soportar.

La ceguera de Saramago no es una metáfora decorativa. Es la condición que desnuda lo que ya existía: la crueldad latente, la solidaridad posible, la delgadísima capa de civilización que separa el orden del caos.

Ensayo sobre la ceguera

Consigue tu ejemplar de Ensayo sobre la ceguera

Si has llegado hasta aquí, ya sabes que este libro merece tu tiempo. Lo encuentras en Amazon con envío rápido.

Enlace de afiliado · Ver política

Saramago sin puntos y sin nombres: por qué la forma es parte del argumento

Saramago escribe Ensayo sobre la ceguera sin nombres propios, sin comillas en los diálogos, con párrafos que pueden ocupar páginas enteras y con las voces de los personajes separadas solo por comas y mayúsculas. Para muchos lectores, esa prosa es el primer obstáculo. Para quienes la cruzan, es inseparable de lo que la novela quiere decir.

La ausencia de nombres no es un capricho estilístico: es la tesis del libro. En Gilead, el Estado le quita el nombre a las mujeres para despojarlas de individualidad. En el manicomio de Saramago, la ceguera hace lo mismo de forma involuntaria: cuando no puedes ver a nadie, todos son igualmente anónimos, igualmente intercambiables, igualmente vulnerables. La forma narrativa reproduce la experiencia que describe.

Los temas centrales son la fragilidad de la civilización, la solidaridad como acto de resistencia y la visión como metáfora del conocimiento moral. Saramago no dice que los humanos sean malos: dice que las estructuras que nos mantienen civiles son más frágiles de lo que creemos, y que cuando desaparecen, lo que emerge no es necesariamente lo peor de nosotros sino la mezcla completa: lo peor y lo mejor, a veces en la misma persona.

El contexto de escritura tiene una capa que se revela con el tiempo. Saramago publica la novela en 1995 y gana el Nobel en 1998. Cuando en 2020 el mundo entra en confinamiento por una pandemia real, el libro se vuelve a imprimir en decenas de idiomas. La secuencia del gobierno depositando comida en la puerta del manicomio y retirándose, los internados organizándose en grupos según quién llegó antes, el colapso de los servicios básicos: todo eso dejó de ser especulación para convertirse en algo que millones de personas habían vivido de cerca en sus propias ciudades.

Lo que más me perturbó al releerlo después de la pandemia fue la escena del supermercado vacío: los ciegos intentando orientarse en un espacio que conocían pero que ya no pueden navegar. La desorientación no es solo física. Es la desorientación de un sistema de referencias que ha dejado de funcionar. La comparación con La tierra permanece de George R. Stewart es inevitable: los dos libros contemplan el colapso de la civilización con la misma calma perturbadora, aunque Saramago es más oscuro en su diagnóstico sobre la naturaleza humana.

portada del libro de ensayo sobre la ceguera de josé saramago

¿Es este libro para ti?

La prosa de Saramago exige adaptación. Si en las primeras veinte páginas no has encontrado el ritmo de sus frases largas y sus diálogos sin comillas, date otras veinte antes de decidir. La mayoría de lectores que superan ese umbral ya no pueden parar. Los que no lo superan tampoco están equivocados: es una prosa genuinamente difícil.

El contenido es duro. Hay violencia, hay degradación, hay escenas que no se olvidan. Saramago no mira hacia otro lado cuando describe lo que los humanos se hacen entre sí cuando el miedo elimina los frenos. Si buscas una distopía con esperanza explícita y resolución clara, este no es tu libro. Si buscas una que te deje pensando durante semanas, sí lo es.

La adaptación cinematográfica de Fernando Meirelles de 2008, con Julianne Moore y Mark Ruffalo, captura la atmósfera del libro con bastante fidelidad aunque suaviza algunos de sus momentos más duros. Vale la pena verla después de leer, no antes. Saramago, que solía ser muy crítico con las adaptaciones de sus libros, la aprobó.

Si te gustó Ensayo sobre la ceguera, esto también te va a encantar

La carretera de Cormac McCarthy — El otro gran libro sobre el colapso de la civilización y lo que queda de humano cuando todo desaparece. Más minimalista que Saramago, igual de devastador.

La tierra permanece de George R. Stewart — El apocalipsis contemplado con distancia naturalista: una plaga que borra a la humanidad y el mundo que surge después. Más sereno que Saramago, la misma escala temporal.

1984 de George Orwell — El Estado como agente de destrucción del individuo, en lugar de la epidemia. Si lo que te perturbó de Saramago fue la velocidad del colapso institucional, Orwell muestra cómo ese colapso puede ser deliberado.

La marca de Fríða Ísberg — Una distopía donde la amenaza no viene del exterior sino del interior de la propia sociedad democrática. El mismo mecanismo de Saramago, con tecnología contemporánea.

José Saramago: el escritor que tardó cincuenta años en escribir su mejor obra

Nació en 1922 en Azinhaga, una aldea del centro de Portugal, en el seno de una familia de campesinos analfabetos. Su padre consiguió trabajo en Lisboa y la familia se trasladó cuando él tenía dos años. Saramago estudió hasta los doce años —no había dinero para más— y se formó a sí mismo en la biblioteca municipal de Lisboa, igual que Bradbury en California décadas después.

Publicó su primera novela en 1947, con veinticuatro años, recibió buenas críticas y desapareció de la literatura durante diecinueve años. Trabajó como metalúrgico, dibujante, empleado de seguros, traductor y periodista. Fue miembro del Partido Comunista Portugués en años en que eso tenía consecuencias reales bajo la dictadura de Salazar. Participó en la Revolución de los Claveles de 1974 que restauró la democracia en Portugal.

Su obra maestra tardía —El evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres— llegó cuando tenía más de sesenta años. El Nobel llegó en 1998, cuando tenía setenta y cinco. Murió en 2010 en Lanzarote, donde vivía desde 1993 tras una polémica con el gobierno portugués por su novela sobre Jesucristo. Hasta el final siguió escribiendo, siguió siendo incómodo, siguió teniendo razón antes de tiempo.
Ensayo sobre la ceguera no predijo la pandemia. Describió algo más permanente: los mecanismos por los que una sociedad se deshace y los que, a veces, la mantienen unida. Que esos mecanismos fueran exactamente los que vimos funcionar en 2020 no es casualidad —es que Saramago los había extraído de la historia real. Si esta reseña ha despertado tu curiosidad, en noveladistopica.com tienes más de 150 títulos de distopía y ciencia ficción analizados. Empieza por nuestra sección de reseñas.

⚡ Antes de irte

Un email al mes con lo mejor de la distopía.
Sin control, sin algoritmos, sin censura.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad y mantente libre.

SI_TE_GUSTÓ_ESTO

También te va a encantar

JM
SOBRE_EL_AUTOR
Jesús Martínez

Editor de Novela Distópica. Más de 180 reseñas del género y una convicción: un buen libro distópico es la mejor vacuna contra el futuro que describe.

LA_RESISTENCIA_LECTORA

Únete a la Resistencia

Un email al mes con lo mejor de la distopía. Sin control, sin algoritmos, sin censura.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad y mantente libre.